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Full text of "Caras y caretas n29 1 2 1891"

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ISIDORO DE-MARIA 


- —--Hr MONTEVIDEOrOEPARTANENTOS 
Un mes $ l , 00 

Seis meses . s, oc 

Un ano „ 9 oo 

EXTERIOR 

¿os mismosprecios.en moneda equioa. 
¡ente.con el aumento del Franqueo. 

Húmero corriente 30 centesimos -v Humero atrasado 60 centesimas 
•DEVENTA EN LAS PRINCIPALES LI8RERIAS- 

'Air PMrttSJtA los qoMiNGOS-: 
OFICINA: Galle Andes 275ialtos) 
MONTEVIDEO _, 


Dicen, y dicen verdad, 
que en la historia del país 
es primera autoridad, 
pues conoce la ciudad 
desde el tiempo de Solis. 


Si para datos añejos, 
le precisan algún dia, 
no han de buscarle muy lejos, 
¡donde haya papeles viejos 
allí estará De-María! 


IMP. LIT. LA RAZON, CALLE CERRO N. 


© Biblioteca Nacional de España 


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230 


CARAS Y CARETAS 


•SUMARIO 


Texto— «Zijí-Zag». por Eustaquio Pellicer—«En sério», 
por Samé—«Convencionalismo teatral», por M. 
Ossono—«Congreso universal», por A.Varzi— 
«El hombre de veras», por M. M,—«Para ellas», 
• por Madaine Polisson—«Por la reja», por Motta 
«Teatros», por Caliban—Menudencias—Corres¬ 
pondencia particular—Avisos. 


Uh» hados —Isidoro De Mana—La mudanza del Doctor— 



Diálogos de esquina—Y varios, intercalados 
en el texto y avisos, por SchUtz. 


L:i tic¬ 
te r mi¬ 


li a c io n 
de do l'a- 
li tar dia- 
rittm ente 
'latos á la 


A A K 


prensa, so¬ 
bre el esta¬ 
do de los tu¬ 
berculosos so¬ 
metidos al tra¬ 
tamiento Koch, 
ha destruido en 
flor sinnúmero de 
esperanzas risueñas, 
acariciadas por las 
personas amantes de 
la publicidad, basta el 
sacrificio. 

No es ocasión que 
se presenta todos los dias. la de po¬ 
der figurar en la gacetilla de la 
prensa, con la reseña de los actos 
ejecutados de sol á sol y de po¬ 
niente á saliente, como se les ha 
presentado á los tísicos linfa- 
Rochados. y bien vale la pena de 
presentarse tuberculoso ante la 
sociedad, el honor de ocupar su 
atención, de igual modo que la ocuparon 
aquellos. 

Solo para personas llenas de microbios y 
vacias de pulmones, se han hecho en la prensa 
crónicas tan minuciosas como esta: 


«Canuto Delgado, brasilero, natural de Ouro 
Pardo, provincia de Ouro Preto, de 31 años 2 
meses 1 dia 3 horas 40 minutos y 27 1,2 segun¬ 
dos de edad, casado con Deodora Empréstito, 
hija legítima de Porto da Prata y de Ferrera 

da Cravos, ingresó ayer.tantos.del mes 

de Enero de 1891 h las 4 y 53 minutos p. m.» 

«Inmediatamente de llegar pidió un fósforo 
á un practicante para encender un cigarrillo 
que llevaba apagado, y acto continuo fué reco¬ 
nocido por los facultativos señores ... (pongan 
los nombres que quieran) nombrados por la 
Comisión encargada de estudiar los efectos de 
la linfa.» 



«Del eximen detenido á que se sometió el 
caso , resulta que es de complexión débil, de 
barba espesa y poco cuidada, de pecho depri¬ 
mido y algo velludo, nariz regular, frente an¬ 
cha, tez morena y ropa en buen uso.» 

«8e le notaron en la piel algunas manchas 
violáceas sintomatológicas del bacilus, y otras 
en el pautaion, provinientes, según declara¬ 
ción deJ enfermo, de un pedazo de tocino que 
habia dejado caer encima, á tiempo de llevár¬ 
selo á la boca.» 

«Trasladado á la Sala Koch. se le di Ó posesión 
del lecho que debía ocupar cuando tuviera sue¬ 
ño y se le pusieron cuatro practicantes de 
vista.» 

«A las 5 y 15, dos minutos después de quedar 
alojado en la clínica, estornudó tres veces, la 
última de ellas con bastante explosión.» 

«A las 5,32. Conversa con uno de los practi¬ 
cantes sobre la falta de dinero que se nota en 
el país, haciendo de paso algunas consideracio¬ 
nes acerca de la incapacidad de D. Alcides.» 

«A las 6 menos 3 minutos. Deja de hablar á 
causa de un golpe de tos que le hace dar otro 


con la cabeza en la mesa de luz. Se rasca la 
frente, balbucea una interjección y escupe.» 

«A las 7. Se descalza un pié y toma una taza 
de caldo, seguida de un bife á la minuta.» 

«A las 7,30. Vuelve á estornudar. Por acuer¬ 
do de los practicantes se le acuesta en el lecho, 
y se le dan unas fricciones en las piernas en 
sentido de abajo á arriba y de arriba á abajo.» 

«A las 8 Recibe la visita de los facultativos 
nombrados por la Comisión, los cuales celebran 
consulta para decidir si el enfermo está en dis¬ 
posición de ser inoculado. Se somete el punto á 
votación y esta resulta favorable al geringazo » 

«A Jas 8,10 Los doctores están destapando el 
frasco de ¡a linfa, junto al enfermo que los mira 
de reojo.» 

«A las 8,15. Se le ha bajado la camisa al en¬ 
fermo para dejarle al descubierto la espalda. 
Presenta unos omóplatos que parecen dos la¬ 
drillos metidos entre cuero y carne, Con el 
hueso de ellos, dice uno de los médicos que se 
podían refluar setenta y seis kilos de azúcar.» 

«A las 8,20. ;Yala tiene dentro! (la linfa,). 

No se nota nada de particular en el enfermo 
ni en la cama en que está postrado. Se ha re¬ 
forzado con dos el número de practicantes que 
le vigilan, observan y asisten,» 

«A las 8,35. Guardan el frasco y la geringa 
los facultativos y se despiden hasta mañana. 
El enfermo les estrecha la mano y les dá re¬ 
cuerdos para la familia.» 

«A las 8.47. Pide á un practicante el utensi¬ 
lio de loza oculto en la 'mesa de luz.» 

«A las 8,49. Ya acabó. Vuelve á la mesa de 
luz lo que la sacaron. Nada que llame la aten¬ 
ción.» 

«A las 8,54. Bosteza.» 

«A las 8,58. Vuelve á bostezar.» 

«A las 9.02. Bosteza otra vez.» 

«A las 9.10. Se duerme.» 

«A las 9,22. Ronca fuerte. A iutérvalos sue¬ 
ña en voz alta, recriminando duramente á su 
casero y al cobrador del impuesto de limpieza 
y alumbrado público. El pulso no acusa altera¬ 
ción .sensible.» 

«A las 9.40. Se ha despertado para pedir 
agua y cinco pesos á un practicante. Se le sir¬ 
ve el líquido y se le uiega el sólido, por razo¬ 
nes económico-terapéuticas. Vuelve á dormirse, 
aunque algo contrariado.» 

«A las 10. Continua dormido. Tres practican¬ 
tes siguen ia misma conducta, por considerar 
suficiente la vigilancia de ios otros tres.» 

«A las lo,30 El mismo etat de choses » 

«A las 11. Idem, ídem,con la diferenciado 
haberse dormido otro practicante mas » 

«A las 11.30. Cambia de posición el enfermo 
y se frota un hombro con pertinacia. Los prac¬ 
ticantes le reconocen la parte frotada para ver 
si es alguna manifestación de Ja linfa y en¬ 
cuentran una pulga, en estado interesante á 
juzgar por el tamaño. Se guarda cuidadosa¬ 
mente la pulga sujeta por el cuello cou una 
cuerda á la cabecera do la cama, por si es algún 
microbio de forma irregular.» 

«A las 12,02. Tranquilidad completa. Se aflo¬ 
ja uu poco la cuerda á la pulga por temor á que 
se ahorque con los pataleos que dá.» 

«A las 12,31. El enfermo no dá señales de vi¬ 
da, pero sí deque duerme como un lirón.» 

«Ala 1,11. Sueña otra vez en voz alta. Dice 
que la creación del Ministerio de Fomento es 
otro macanazo de D. Julio y que el empréstito 
se realizará cuando Zabulla crie pelos •> 

«A la 1,40. Prorrumpe en aguda exclama¬ 
ción de dolor. Los practicantes acuden presuro¬ 
sos á socorrerle, procediendo á bajarle la camisa 
de nuevo, por la espalda, para ver si e 1 dolor 
procede de la pequeña herida hecha con la la¬ 
vativa Prav&t. El enfermo dice por señas que 
profundicen mas el reconocimiento, por que no 
es en la espalda donde siente el dolor. Se le 
reconoce por donde indica y se dá, con la causa. 
Tenia clavado en la carne un alfiler de corbata, 
desprendido sin duda de la que llevaba puesta 
el doctor que le inoculó y le pinchoculó. Propí¬ 
nasele para el susto un vaso de agua con unas 
gotas de lo mismo.» 

«A las 2,06. Todavía le escuece el pinchazo. 
Vá perdiendo la confianza en Koch y en los 
médicos que inoculan con corbatas de alfiler.» 

«A las 2,38. Volvió á conciliar el sueño, 
mediante un artículo de La Nación que se le 
hizo leer en voz alta.» 

«A las 3. Aun está bajo la influencia del 
eficaz narcótico.» 

«A las 3.29. Llega la mucama del médi¬ 
co que perdió el alfiler, reclamando dicha pren¬ 
da con una taijeta de su patrón. Se le hace en¬ 
trega del alfiler recomendándola diga á su amo 
que la alhaja ha servido de lanceta expontá- 
neamente y que le use con precaución por si 


ha quedado adherido aiguu microbio á la punta. 
Váse la sirvienta.» 

«A las 3.52, El pincho - inoculo - liíifakochado 
insiste en dormir.» 

«A las 4,15. Se despierta; pregunta á como 
quedó el oro en la última rueda de la Bolsa; se 
le dice la cotización y se vuelve á dormir » 

«A las 5,U3. Ha roto á sudar por el costado 
que tiene mas cubierto de ropa.» 

«A las 5,30. El sudor parece que quiere co¬ 
municarse ahora con el otro costado. Se obser¬ 
va que respira con dificultad, tapándole la bo¬ 
ca con la mano.» 

«A las (5,15. El enfermo ha interrumpido el 
silencio de la sala ... Practícase un sahumerio 
en toda ella.» 

«A las 7. Duerme. Hócense los preparativos 
necesarios para la visita de los médicos que 
deberá efectuarse á las 7 y 30. 

«A las 7.30. No han llegado los facultativos. 
Se despertó al enfermo para darlo un caldo y 
unos riñones saltados por encima del caldo. Co¬ 
mió con voracidad mal disimulada. 

«A las 8.10. Acaba de llegar un enviado de 
los facultativos para decir que por disidencias 
ocurridas en el seno de la Comisión ha queda¬ 
do esta disuelta. Se espera ia llegada de aigun 
médico que reemplace á los de la comisión. 

«A las 9. Llega el médico sustituto, recono¬ 
ce al enfermo y le toma la temperatura que 
es de 25 grados y 5 milésimos, sin comprador. 
El color de las manchas de la piel se nota algo 
apagado. Las manchas del pantalón siguen lo 
mismo.» 

«A las 9.30. El médico dá por terminada su 
visita. Antes de dejar al enfermo le pregunta 
como se encuentra y este le dice que muy mal 
á causa de unos conformes que tiene en plaza 
y que están para vencer.» 

«A las 10. Abandona el lecho y juega un 
rato al golfo con un presunto tísico.» 

«A las 11. Se recejen las cartas de Ja mesa 
para tender el mantel.» 

«A las 12. Ha concluido de almorzar. El 
pulso está bien. El apetito inmejorable. 

«Tenemos que abandonar al enfermo para 
que alcancen estos apuntes á nuestra edición 
de hoy. Mañana continuaremos reseñando el 
estado del paciente sometido á la inoculación, 
desde la hora última en que cerramos estos 
apuntes.» 

Con algún cambio de detalles—nó con menos 
lujo de ellos—hemos reproducido las crónicas 
que estos dias han estado apareciendo en los 
diarios. 

Digan VV. si no es esto para poner orgulloso 
al menos amigo de la publicidad. 

Se explica que hayan asediado á la Comisión 
numerosos peticionarios de catre en la Sala 
Koch. 

—Es una gloria como otra cualquiera la de 
ser tísico popular—nos decía dias pasados un 
amigo—y crean VV, que envidio al que puede 
justificar que tiene los órganos respiratorios 
llenos de insectos. Yo. desgraciadamente, con 
esta gordura y colores que Dios me ha dado no 
puedo convencer á nadie de que necesito la 
linfa. 

-¡YV. se dejaría introducir la geringa sin 
estar enfermo?—le preguntarnos. 

—;Ya lo creo! ¿Qué miedo puede tener á eso 
la persona á quien todo el año está yeringando 
el Gobierno? 

Hay que advertir que el amigo en cuestión 
es empleado público. 


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Notarnos que con el tema de las inoculacio¬ 
nes hemos consumido todo el espacio de que 
disponíamos. 

Bien mirado, es lo mas importante que ha 
ocurrido en la semana, aparte del asentimien¬ 
to que ba dado el Senado al cambio de nomen¬ 
clatura de Ministerios, propuesto por el Eje¬ 
cutivo. 

Después de todo, hablar de la linfa Koch ó 
hablar del Gobierno, viene á ser la misma 
cosa. 

Todo es cuestión de microbios. 

Eustaquio Pellicer. 

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sério 

Escúchame, Rosinda, la de los negros ojos, 
ia de la frente tersa, de labios de coral; 
escucha al que te rinde su amor puesto de hinojos, 
que en ti tan solo fia su suerte este mortal. 

No mires, nó, Rosinda, mi porte descuidado, 
que no soy presumido ni soy un figurín; 
soy solo un pobre chico que vive enamorado 
de ti, mujer ó arcángel, con noble y santo fin. 



© Biblioteca Nacional de España 


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CARAS Y CARETAS 


231 



Soy un mortal que vaga del uno al otro polo 
con duelo en el presente, sin fé en el porvenir; 
soy un cantor errante que lleva el dios Eolo 
donde hay mas desventuras ó mucho que sufrir. 

Yo canto de las aves la dulce melodía 

que entonan cuando Febo nos muestra su esplendor; 

yo digo de las auras la rítmica armonía 

con que á la amada llevan los ecos del amor. 

Yo canto de las flores la sin igual belleza; 
de la cascada canto su salto juguetón; 
y en alas de la mente describo la grandeza 
de aquella á quien dedico mi pobre corazón. 

Las notas de mi lira, ya tristes, ya incitantes, 
reflejan de mi pecho ía pena ó el placer; 
en fin, yo soy... amante mas que entre cien amantes, 
y son mis ilusiones vivir para querer. 

Por eso si deseas calmar en un momento 
los duelos que mi suerte, feroz, me deparó, 
pronuncia, bella mia, el dulce juramento 
de amarme mientras vivas igual que te amo yó. 

Que asi será dichoso quien es tan desgraciado 
cual haya otro en el mundo; pues es tanto mi mal, 
¡que hasta el tabaco, niña, lo fumo de prestado, 
por no tener en fondos ni un miserable real! 

Por eso si me quieres de un modo delirante, 
te ruego que tu pecho me entregues, por favor, 
envuelto.. . en un billete que sume lo bastante 
para sacar de apuros al pobre trovador. 

Satué 



Observando el poco esmero con que generalmente 
se ponen en escena las obras en el teatro, y el des¬ 
cuido de la dirección, no puedo menos de pregun¬ 
tarme: 

Si es el teatro reflejo de la vida real ¿porqué sub¬ 
siste en él un convencionalismo que corrompe su mo¬ 
do de ser? 

La pregunta anterior constituye verdadero tema 
para un trabajo erudito y concienzudo. Yó, sin fuer¬ 
zas para efectuarlo, y siguiendo las impresiones del 
momento, me limitaré á unas cuantas observaciones. 

La primera que se me ocurre se refiere al deco¬ 
rado. , 

Muchos son los progresos obtenidos por la pintura 
escenográfica; pero mucho puede exigirse todavía. La 
estructura de los coliseos, de poco fondo casi todos, 
obliga al artista á que, cultivando la perspectiva, pre¬ 
sente excelentes telones de fondo, á los cuales nada 
habría que pedir,si el teatro fuera un cosmorama; pe¬ 
ro desde el momento en que las figuras humanas se 
muevan, la ilusión corre gran riesgo de desaparecer^ 
al paso que aquellas vayan ocupando los últimos tér¬ 
minos de la escena. Y ni aun esto es necesario: des¬ 
de el momento en que hay bastidores que ocupan 
primeros términos, s^ dá el extraño caso de que un 
E actor que está junto á los mismos, sea mas alto en 
ocasiones que una casa, ó pueda dar la mano desde la 
calle á otro que se supone habita en un piso segundo. 

En los cambios de decoración, el público no pro¬ 
testa tampoco, viendo que todos los edificios de una 
plaza se separan de sus cimientos y suben por los ai¬ 
res, como anteriormente no protestaba viendo las 
olas del inar perfectamente inmóviles, ó moviéndose 
lateralmente los árboles sin que las acotaciones del 
libro señalaran el mas pequeño terremoto. 

Entre el drama musical, que es un pretesto, y el 
drama literario, que no debe serlo, ha surgido un gé¬ 
nero anfibio como la zarzuela, en el que no puede 
haber situación interesante, sin acompañamiento de 
orquesta. 

—¿Quién sois?—pregunta un personaje á otro. 

\ el interrogado, que no suele ser músico, res¬ 
ponde: 

—¡Cantando te lo diré, ó escucha y lo sabrás! 

Y, con efecto, traza su biografía en unas cuantas 
estrofitas, acompañadas de violines y flautas. 

El interlocutor se conmueve y ya no habla, sino 
que canta también, y cuando penetran otros persona¬ 
jes en escena, todos sienten lo mismo y todos lo ex- 
> presan de igual manera. 

'* Si uno grita: ¡Qué horror! es seguro que los otros 
repetirán como un eco la misma frase, y el horror se¬ 
guirá erecendo ó irá amortiguándose hasta que la ba¬ 
tuta del Director de orquesta deje de funcionar; y to¬ 
dos los actores se quedan. tan tranquilos, y conste 

que estos personajes han de entrar en escena simul- 
táneamente, y se nan de colocar en torma de semi¬ 
círculo mirando al público, ó formando una linea rec¬ 
ta paralelamente á ¡a embocadura. 

¿Es la obra de época antiguar Pues todos los per¬ 
sonajes han de vestir de idéntica manera. 


¿Es de costumbres del dia? Pues en los trajes rei¬ 
nará una anarquía imperdonable. 

El traje del corista será pobre aunque represente á 
un príncipe, como el traje de la parte principal será 
siempre rico aunque la riqueza sea impropia. Yo he 
visto á una jardinera con falda de seda, y carabanas y 
sortijas de brillantes, al propio tiempo que he tenido 
que soportar á multitud ae títulos y grandes, vis¬ 
tiendo ricas polleras de percal las señoras y fracs con 
remiendos los caballeros. 

Pues ¡y lo que duran los trajes en el teatro! 

He visto guerrero romano que, después de tres 
años de continua guerra, sacaba en el tercer acto del 
drama, la misma flamante y limpia túnica que le cono¬ 
cí en el primero. 

¿Qué ilusión ha de producirse con estos elementos 
por mas que la música tenga sobresaliente mérito ó el 
verso excepcional inspiración? El decorado, la músi¬ 
ca y el traje en el teatro reclaman verdadero estudio, 
y no deben prescindir de él los artistas y mucho me¬ 
nos los directores de escena. 

Y, en cuanto al verso, creo llegado el momento de 
que se proscriba por punto general del lenguaje dra¬ 
mático; pase á lo sumo como ropaje conveniente al 
drama trágico, pero no traduzca fas pasiones, ni in¬ 
tente reflejar las realidades de la vida; no acompañe, 
en una palabra, al drama moderno ni á ¡a comedia co¬ 
mo debe de ser la comedia de hoy,—si ha de traducir 
nuestro carácter sobrado prosaico para ser puesto en 
quintillas. 

Los preceptistas retóricos han condenado desde 
hace largos años las licencias que los autores venían 
tomándose en contra de las unidades de tiempo y lu¬ 
gar. Ya no se dá el caso, antes tan frecuente, de 
trasladar á los personajes de una á otra parte del 
mundo, ni de hacerles intervenir en una acción que 
se desarrolle con intervalos de largos años. Pero to¬ 
davía se conservan y amenazan perpetuarse otros vi¬ 
cios que la critica ha señalado tímidamente. 

;Hay nada, por ejemplo, menos justificado que el 
monólogo? Cierto que en la vida real no falta quien 
habla sólo; pero cuando esto acontece siempre resul¬ 
ta en lo que dice gran incoherencia de ideas y de 
expresión. En el teatro, por el contrario, el actor 
consagra sus monólogos á explicar, aclarar, puntuali¬ 
zar y''anotar los hechos; habla al público lo mismo 
que si estuviera confesándose con él, y puede asegu¬ 
rarse que en dichoa monólogos no hay quien proce¬ 
da de mala fé. Podrá el personaje ser un bribón de 
siete suelas, y estar engañando á cuantos intervienen 
en la acción dramática; una vez 4 solas con el públi¬ 
co, no deja de decir:—¡Oh! Yo me vengare de los 
desdenes de la ingrata, yo asesinaré á sus padres y á 
sus tios y á s i amante, y haré que el fuego consuma 
esta maldita cas . 

Con lo cual los terrores del desenlace no tomarán 
de sorpresa al público; para con lo cual también se 
falsea terriblemente la verosimilitud. 

A! lado de la cuestión del monólogo figura la de 
los apartes, arbitrio de suma comodidad para un au¬ 
tor. Aquí el convencionalismo llega á un extremo in¬ 
concebible: apartes que escucha ei público del paraíso 
no son advertidos siquiera por los personajes que es¬ 
tán en escena é inmediatos al que los pronuncia, y en 
breves frases, dichas en un aparte, se resuelven los 
mas importantes problemas relacionados con la acción 
dramática. El aparte, como el monólogo, debieran ser 
proscriptos en toda fábula literaria destinada á la es¬ 
cena. 

Otros puntos relacionados directamente con los 
elementos secundarios merecen ser estudiados tam¬ 
bién. ¿Hay algo de peor efecto que un apuntador, 
haciendo que se escuche la obra por partida doble? 
¿Hay algo mas risible que los descuidos de un tras¬ 
punte? 

—¡Siento pasos!—dice uno de los personales—Pe¬ 
ro los pasos no han sido sentidos por nadie y el tras¬ 
punte quiere remediar tardíamente el daño, y patalea 
con fuerza sobre el tablado, consistiendo las pisadas 
naturales del que se acerca en un paso de baile fla¬ 
menco. 

— !Ha sonado un campanilhzo!—dice otro perso¬ 
naje—y el traspunte, advertido por la frase, empieza 
á repicar la campanilla. 

De aquí ha nacido la frase popular y muy corriente 
en los teatros: 

¡Gran Dios! Un tiro ha sonado. 

¿Si será mi padre?... ¡Pum!... 

Aqui el pum , colocado después de la frase, indica 
lo que puede ocasionar el descuido de un traspunte. 

En otras ocasiones la casualidad se encarga de 
destruir el efecto de la verosimilitud escénica. 

Si se habla en una obra de un hombre que es muy 
guapo y sale después á escena uno de mala facha, no 
hay argumento capaz de convencer al público de la 
hermosura de aquel. Recuerdo que oyendo una noche 
cantar El Pleito, el tenor tuvo la desgracia de no pa¬ 
recer un Gayarre al público; pero, éste, relativamente 
benévolo, se limitó a guardar silencio cuando aquel 
terminó las coplas á la guitarra. En la escena si¬ 
guiente entran la novia y la tia, y la primera dice a la 
segunda: 


Es el cuarto de aquel ¡oven 
Que tiene tan buena voz. 

Esta frase bastó para que la tempestad contenida 
estallase con mayor violencia, y para que el tenor re¬ 
cibiese entre bastidores la grita de que se habia li¬ 
brado en escena. 

Finalmente, nada perjudica tanto á la verdad ni 
supone tanto convencionalismo como el eterno patrón 
de la comedia, con su exposición y complicación en el 
primer acto, la situación culminante en el desarrollo 
al caer el telón en el segundo, y sus explicaciones de 
desenlace en el tercero. La novela, sujeta á trabas 
análogas, ha sabido romperlas en los últimos años. 
Hora es ya de que el teatro siga el ejemplo y em¬ 
prenda nuevos caminos, si no se quiere que las come¬ 
dias, hechas va como las levitas, á la medida de los 
actores, resuften también cortadas por el eterno pa¬ 
trón consagrado por una viciosa costumbre. 

M. Ossorio. 

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¡reso universal 


San Mateo y San Pascual, 
Doctores en medicina, 
Celebraron en la China 
Un Congreso Universal. 

En él estaba Platón, 

El inventor de la cera, 
Discutiendo con Herrera 
Algo sobre conversión. 

Luis Onceno y Castelar 
Con Migue! Angel y Amuedo, 
Le dedicaban un Credo 
A la Virgen del Pilar. 



Mientras que Schütz y Moisés 
Con Napoleón y Orejuela, 
Jugaban á la rayuela 
Al estilo marsellés. 

En otro lado, Vaubán 
Charlaba con Cayo Mario, 
Sobre el nuevo secretario 
Del bologénito Adán. 

Y á su izquierda Pellicer, 
Rascándose las narices, 

Se comía dos perdices 
En un coche de alquiler. 

Marco Freiré Cicerón, 

De chiripá y boleadoras, 
Recitaba unas dolerás 
En la lengua de Danton. 

Y á poca distancia de él 
Se encontraba Paganini, 
Ofreciendo á Mazzantini 
Un trago de Moscatél. 

Cario Magno y Fariní 
Con el duque de Braganza, 
Cantaban una romanza 
Tirolesa, de Chapi. 

Y cerca de ellos, Muró 
Dando el brazo á Maquiavelo, 
Le enseñaba un gran pañuelo 
Que Goliath le regaló. 



Mas... tengo que terminar 
Pues ya hasta rabia me inspira 
Ver que es todo una ment.ra 
Lo que acabo de contar. 


Y pidiéndoles perdón 
En confesarles me empeño, 

Que el tal Congreso... fuéun sueño 
Que tuve anoche en Colón. 



^1 hombre de veras 


Los libros de caballería han dejado realmente en¬ 
tre nosotros muchos vicios. 

Uno de ellos es el concepto equivocado de lo que 
ha de ser la mujer y de lo que debe ser el hombre. 


© Biblioteca Nacional de España 





LA MUDANZA3EL DOCTOR 


© Biblioteca Nacional de España 









































Para comprender ia opinión que la mayoría de las 
gentes tiene respecto de la mujer, no hay sino echar 
una mirada por la sociedad. 

La mujer come, bebe, ama, se adorna, no lee, no 
escribe, no piensa y recibe en sus pulidas manos los 
pesos duros que nosotros ganamos con nuestros hue¬ 
sudos dedos. 

Y para cerciorarse de lo que debe ser el hombre y 
de lo que es en muchos casos, no hay sino consultar 
la opinión de esos doctos varones (que andan por ahí 
á cientos), los cuales parece que han recibido de la 
naturaleza la nota de tas correcciones que necesita¬ 
mos introducir en nuestro ser. 

En primer lugar, el hombre debe ser insensible. 

Corazón de roca, carne de perro (que decimos vul¬ 
garmente, ¡muy mal dicho!), fuerza de león. 

¡Mucho bigote! ¡Mucho nervio! ¡Gran puño! 

¡Llorar! El hombre no debe llorar nunca. Esto se 
lo dicen a uno sus padres de pequeñitos, como edu¬ 
cándole para la insensibilidad. 

Que se nos muere un sér querido: ¡que se nos 
muera! Que se arruina nuestra iamilia. ¡que se arrui¬ 
ne! Que un hermano moribundo emprende un viaje: 
¡que le vaya bien! ¡Cuidadito con soltar una lágrima! 

En cuanto á nuestro cuerpo, debemos considerarle 
como si fuera de corcho. 

Un pinchazo, una descalabradura, una pierna rota, 
un martillazo en un dedo, la caida de una maceta en 
nuestras espaldas.... todo eso debe recibirse con in¬ 
diferencia, como ahora se reciben las noticias refe¬ 
rentes á elecciones. 

El bello ideal es que mientras le cortan á uno una 
pierna, cante una milonga. 

Ha habido un caso extraordinario de entereza y 
despreocupación. El de aquel que le llevaban á en¬ 
terrar y á mitad del camino se incorporó en la caja, 
y dijo a uno de los que le llevaban: vMe hace us¬ 
ted el favor de un cigarro, que se me ha olvidado la 
petaca?» 

¡Olores! ¡Aromas! ¡¡Eso nunca!! 

La naturaleza ha puesto en las plantas los perfu¬ 
mes para los perfumistas y para las niñas. 

Hay flores que exhalan un embriagador aroma; 
pues ¡cuidadito con reconocerlo! ¡Cuidadito con de¬ 
jar de decir que esos olores apestan! La rosa, el nar¬ 
do, el heliotropo deben repugnarnos. 

Ahora bien, al verdadero hombre se le permitirá 
encontrar agradable el olor á nicotina, el aguardien¬ 
te, la pólvora, el petróleo, el azufre... ¡á elegir! 

El hombre debe fumar. Esta teoría, que parece 
original de Aquiles Ferriolo, ha ocasionado más en¬ 
venenamientos que la afición á las letras. 

El hombre debe beber, pero en gordo. Litro vá 
y litro viene. Turen diaria. De ahí viene el conside¬ 
rar á los andaluces más hombres que á los guerre¬ 
ros de Atila. 

Por supuesto, la bebida ha de ser de ron en ade¬ 
lante. Beber aguarrás es la perfección en el hombre 
de veras. Reventar por haberlo bebido, es lo mismo 
que si á un jugador le sale la contraria: ¡á otra! 

Del aseo personal debe un hombre de veras cui¬ 
darse poco. 

Lavarse con esponja, usar jabón de Violette, limar¬ 
se las uñas... eso es cosa de mujeres ó de maricas. 

Si aqui se atendiera al mejoramiento de la raza, 
los hombres se lavarían por las mañanas en el estan¬ 
que del Prado, se secarían dando una corrida por 
aquellos paseos, se peinarían con rastrillo y se afeita¬ 
rían con almocafre. 

Por supuesto, que ya supondrán ustedes que el 
hombre que encuentra deleite en los sálicos de Vi¬ 
llegas, en las melodías de Haydn, ó en las pinceladas 
de Rafael... merece unas polleras, un corsé y una 
papalina. 

Esos, esos son los hombres de veras, honra de la 
naturaleza, gloria y recreo del Creador. 

Amar á puñetazos, discutir á gritos, llevar encima 
la navaja ó el revólver por si hay que convencer á un 
amigo, atracarse de ginebra, no entrar en peluque¬ 
rías, sujetarse los pantalones con una soga... eso es 
ser hombre. 

Tomar sorbetes, beber aniseta de Burdeos, hacerse 
el nudo de la corbata, quitarse el so! con sombrilla, 
arroparse en invierno, abanicarse en verano... esa es 
la degradación del sexo, la depravación de la raza. 

Pero hay algo peor, señores mios, que todo eso. 

No es lo malo que algunos hombres, poco fiados 
sin duda en sus propias condiciones, hayan adoptado 
ese reglamento para aspirar á la plaza de hombres de 
veras. 

Lo malo es que hay mujeres que están de acuerdo 
con esos hombres. 

Yo regañé una vez can una novia mia, porque ave¬ 
riguó que me gustaba el sorbete de pifia. 

—¿Para quién se ha hecho entonces la cerveza 
fuerte? me decía indignada. ¡Vaya un hombre! 


brochado de este color, como el plaston de pecho y 
espalda. Una redecilla de felpa malva forma dobles 
delanteros abiertos y largos, terminados por flecos: 
mangas cortas y abiertas, de raso malva con cenefa 
de plumas y lazos de terciopelo malva. 

Madame Polisso* 


(Personajes: dos chicos 
enamorados 
que por la reja charlan 
entusiasmados). 

—Te veo silencioso 
Manolo mió, 
y por eso presumo 
que tienes frió. 

—¿Tener frió á tu lado? 

¡quién lo presume 
con el fuego amoroso 
que me consume! 

Tú me quieres, en cambio 
de otra manera, 
y el verte indiferente 
me desespera. 

—Pero hombre, si ya sabes 
que yo te adoro 
y que no anhelaría 
mayor tesoro 
que ser por tu cariño 
correspondida.... 

Pero espera, Manolo, 
vuelvo en segutda. 


PARA 


"v,-—y -— J Hé aqui algunos de los trajes para 
U salones y teatros, decretados por la 
moda: 

Vestido de gasa lisa y moteada —La falda, verde agua 
con motas verde oscuro, se abre sobre delantal de 
crespón de china rosa pálido, drapeado de abajo en 
volante con escarapelas ae lo mismo: cuerpo drapea¬ 
do, con guirnalda de rosas en los hombros y talle y 
mangas cortas de bullón. Ruche de la misma gasa 
al borde de la falda. 

Vestido de terciopelo negro—Es de forma princesa, 
abierto del pecho y falda sobre plaston y delantal de 
seda grana, bordado el último de negro y oro, como 
las mangas, igualmente de seda grana. Cuello Médi- 
cis de pasamanería. 

Vestido de crespón —Falda de crespón maiz, drapea- 
da con flores primaveras y con paño brochado de se¬ 
da á la izquierda. Cuerpo de esta lela, escotado en 
cuadro, rodeado el escote de flores y con echarpe de 
crespón, cruzado y sujeto con flores i la izquierda 
del talle: mangas cortas de crespón. 

Vestido de seda brochada —El fondo blanco de la tela, 
de raso, va brochado de flores amarillas y negras, la 
hechura es princesa de cola, orillada de pluma negra 
y por delante cortada á puntas sobre un plegado de 
crespón de china y sujeto entre los picos por grupos 
de plumas negras. Plumas negras al escote, echarpe 
de crespón blanco, plumas negras en el cabello y aba- 
....... 


—¿Has esperado mucho? 

¡cuánto lo siento! 
—No, Pepita, si ha sido 
solo un momento. 
—Oye, Manolo mió, 
¿vendrás mañana 
i charlar otro rato 
por la ventana? 

—Ya sabes tú, Pepita, 
que yo te quiero 
con un amor tan puro, 
tan verdadero, 
que por verte tan solo 
diera la vida, 
y sin ti.... me parece 
tan aburrida! 

Mi corazón.... 

—¡Espera, 
vuelvo al instante! 
dispénsame, Manolo 
que me levante. 


—Pues como te decía, 
me tienes loco, 

¡ay! ¡si tú me quisieras 
tan solo un poco....! 
estaria contento 
diariamente 
y veria calmado 

mi amor ardiente. 

Un día que me atreva 
veo á tu padre 
y aunque ponga mal gesto 
como tu madre, 
le digo que me quiero 
casar contigo 
y que te adoro."... ¡vaya 
si se lo digo! 

¿Te parece que lo haga 
de esta manera? 

—¡En el instante vuelvo, 
Manolo, espera! 


— t Has esperado mucho? 

—Poco, Pepita, 
pero van ya tres veces 
y esto me irrita. 
¿Acaso tienes muchas 
obligaciones, 
para cortar tan gratas 
conversaciones? 

—Lo comprendo, Manolo, 
pero me llama 


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CARAS Y CARETAS 



mi madre, que hace rato 
que está en la cama 
y ya ves que.... 

—¿Tu madre? 

¿Pues no decías 
que se íué á Canelones 
hace unos dias? 

Pepita, tú me engañas, 
pero te advierto.... 

¡que como yo no sepa 
pronto lo cierto....! 

—Vamos hombre, no seas 
tan testarudo. 

— Pues ¿por qué te levanta? 

tan amenudo? 

¡Pepa, dime la causa, 
quiero saberla! 

—En fin, si tienes ansia 
de conocerla.... 

Pero mira, Manolo, 
no has reirte: 
como estuve ayer mala.... 

debo decirte..,, 
que tomé limonada.... 

de la.... purgante.... 

¡¡Ay!! ¡¡otra vez!! ¡dispensa 
que me levante! 

Motta 



mente para Europa, para continuar sus estudios de 
canto en el Conservatorio de Milán, y poder entrar 
de lleno en la carrera artística, para lo cual demues¬ 
tran inmejorables condiciones. 

La obra elegida fué Fra Diavolo en la que Guillot 
tenia el papel de Rcppo y Frassini el de Giaccomo 

Del resto de los papeles estiban encardados los 
principales artistas de la Compañía que actúa en el 
Poiiteama Oriental, generosamente ofrecidos para el 
objeto. 

Si nó muy numerosa fué selecta la concurrencia 
que asistió al espectáculo, pues se notó en las princi¬ 
pales localidades la presencia de las mas distingui¬ 
das familias de Montevideo. 

La representación de Fra Diavolo obtuvo un éxito 
muy satisfactorio, principalmente en lo que dependió 
de los jóvenes beneficiados. - 

Guil.ot es un bajo cantante de voz pastosa, dulce y 
entonadísima; canta con expresión poco común, con 
el arte de que es maestro Baldelli. Nos produjo una 
magnífica impresión, porque encontramos en él la 
primera condición del artista lírico: el sentimiento 
del colorido en el canto. 

Frassini es un bajo definido, con voz mas poderosa 
y menos dúctil, quizá por su misma naturaleza. Tie¬ 
ne notas sonoras y frescas y bastante agilidad en su 
registro. Vocaliza bien. 

El dúo del tercer acto en que remedan á Zerlina, 
una de las partes más cómicas de la pieza, lo canta¬ 
ron como podrían hacerlo Cesari y Polonini, los dos 
artistas que mejor lo han interpretado en nuestros 
teatros.—El público les hizo repetir tres veces la be¬ 
lla pieza, y en todas fué cantada con el mismo sabor 
cómico. 

La función de anoche ha servido, en una palabra, 
para dar al público una idea exacta de esos dos jóve¬ 
nes que tienen ante si una bella carrera teatral, si to¬ 
man el camino del estudio y la contracción.—En poco 
tiempo pueden alcanzar el complemento que les falta 
para ser unos artistas de mérito. 

La señorita Lambiasse, en el aria del segundo acto 
Grade al délo, el tenor Monteverde en la canción del 
último acto, y Conti, compartieron los aplausos con 
los beneficiados. 

Cauban 


235 


[MENUDENCIAS 


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m, -i- A 

Spt "Tí —M 



- YS 


Se están haciendo 
as obras necesarias 
para comunicar el local 
que ocupan las Cáma¬ 
ras con la casa recien- 
s j temente construida en 
f la calle del Cerro, co- 
> lindante por su fondo 
con el Cabildo. 

^ Por dicha parte me¬ 
dianera se fugaron, co¬ 
mo se sabe,los her- 
¿¡Símanos Croce, que 
gestaban alojados en 


Cabildo. 
De donde 


_ _ donde resulta 
V que dentro de poco 
saldrán los legisla¬ 
dores por donde se 
fugan tos ladrones. 


Cierto sastre en Nqmancia 
tenia la vergüenza en abundancia 
y otro sastre en Sigüenza 
no tenia ni pizca de vergüenza. 

Por eso de los sastres digo yó 

que unos tienen vergüenza y otros nó. 

En Buenos Aires, se acaba de efectuar un duelo 
entre dos jóvenes conocidos, por media libra esterlina. 

El diario que dá la noticia se asombra de que por 
una tan insignificante suma se jueguen la vida dos per¬ 
sonas. 

No se asombre, colega. 

En este pais por dos vintenes estamos todos dis¬ 
puestos á nacer correr arroyos de sangre. 

¡Bonita está la cosa para despreciar centésimos! 

A un cajero fugado del Rosario 

se le fugó la esposi con Macario 

En este mundo, Blas, mira lo que haces. 

¡La mujer y la plata son fugaces! 

• • 

El poema Los Buitres de Rafael Fiagueiro, ha ob¬ 
tenido un éxito, comparable solo al que tendría el 
Banco que se decidiera á hacer descuentos sin ga¬ 
rantía. 

Está para terminarse la impresión de dicha obra y 
bien pronto se convencerán VV. por si mismos de que 
es merecido cuanto elogio se h3ga de Los Huitres. 

Prévio el peso que paguen para convencerse. 

Esta es la parte mas prosáica que tiene la obra, y 
para eso ya vén que es bien poca. 


Aprovechamos la ocasión para dar las gracias al Sr. 
Bixio, sin perjuicio de las que le anticipamos con la 
lengua, es decir, verbalmente, al recibir el obsequio. 

Un par de símiles: 

¿En que se parece el Hospital Italiano á la Bolsa? 
—En que tiene pocos fondos y muchos corredores. 

¿Y el Gobierno á una bola sin manija?—En todo. 

Sr. Director de Correos: Doy á V. las mas expre¬ 
sivas gracias. 

¿Que porqué, dice V.? 

Pues ¡jorque esta semana no se me han extraviado 
en sus oficinas mas que tres paquetes y seis ú ocho 
ejemplares sueltos. 


Persiguiendo Canuto á su vecina, 
se metió detrás de ella en la cocina, 
y a! querer abrazarla con deleile, 
tiró la alcuza y derramó el aceite. 

Quiso el pobre escapar y rompió un huevo 
conlo cual ¡oh dolor! se untó de nuevo. 
Tratóse de limpiar el mentecato, 
y en lugar de la toballa cogió el gato; 
por lo que el animal, fiero de enojo, 
sacó las uñas y quitóle un ojo. 

Nadie debe extrañar que estos fracasos 
le sucedan al que anda en malos pasos. 


—Papá, anoche me tocó un negro. 

—¡Como! ¡Pudo algún insolente atreverse á.... 

—Nó, papá, si el negro que yo digo, era de barro 
pintado. Me tocó en la rifa de Mendoza Canbay. 

• 

• • 

El Poder Ejecutivo de Chile ha nombrado Jefe su¬ 
perior de las fuerzas militares al General Gana. 

Con un General de este nombre no es posible per¬ 
der en la revolución. 

Ganarán á no dudar, 
si Cana en ganar se afana, 
ó aunque se le quite á Gana 
la gana de pelear. 

—¡Pepeeee!. 

— ¡Voy. señor! 

—Pero, hombre ¿dónde estabas? 

—He tenido que llamar á un guardia para que se 
llevase preso á un individuo. 

—¿Por qué? 

—Porque le encontré abriendo la puerta de la 
calle. 

—:Ah, ladrón! ¿Con una ganzúa? 

—No, señor; con una llave que le echó por el bal¬ 
cón la señora de usted. 

Dice un diario: 

«Se encuentra en Montevideo desde el viernes pa¬ 
sado el Sr. Lucas Pelaez y Garcia». 

¡Caramba! ¡Y yó que no lo había notado!... 

Es indispensable que busque el modo de conocer 
á ese señor. 





ORRESPONM 



Es una ley de la historia 
que el mayoral del tramvia, 

. siempre que atropella á alguno 
le llama bárbaro encima. 

m 

• • 

El famoso criminal Alejandro Tezzone, arrojó el 
otro día un barril sobre la cabeza de uno de sus 
guardianes, dejándole sin sentido. 

Igual procedimiento que el que ha empleado el 
Gobierno con el Sufragio. 

También le hizo perder el sentido arrojándole un 
barril. 

Con corbata blanca. 

m • 

Por embaucar la gonte Juan Bautista 
descuidaba su oficio de ebanista, 
y queriendo lucirse el papanatas, 
vino á quedar mas pobre que las ratas. 

Y es que olvidan algunos mentecatos 
el refrán: «Zapatero, á tus zapatos. > 

Las dimensiones del dibujo con que presenta¬ 
mos en el número anterior al caballo Guerrillero, nos 
impidieron hacer constar en el texto anexo i la lámina 
que era tomada de una fotografía hecha directamente 
por el Sr. Bixio. 

Este señor nos facilitó galantemente la primera 
prueba, antes de hacer ¡a impresión de los ejempla¬ 
res que se disponía á poner en venta y que hoy tiene 
ya á disposición de los admiradores de Guerrillero. 


Filfa. —Lascano—Ame V. cuanto quiera á Elvira, pero 
no me mande versos. 

Cantares —Las Piedras—Siento no poder complacer¬ 
le en lo de dqjar sin respuesta dura su carta. El patrio¬ 
tismo, la moral y la vindicta pública me exijen lla¬ 
marle á V. batata en esta sección. 

Don Pepito —San Vicente— 

Todo lo que usted ha escrito 
no me gusta ni un poquito 
y no dude Don P¿pUn 
de que lo siento infinito. 

N. R. G.—Carmelo—Puede que los chistes de V. sean 
de esos que hacen gracia á los siete meses de leídos. 
Voyá esperar ese tiempo para ver si consigo que me 
venga la risa. 

O. L.—Solis—No tenemos la culpa de que el correo 
sea albergue de raspas postales. Todos esos cargos se 
los dirige V. á don Cipriano, que es el Director de la 
única repartición que no reparte nada, ó por lómenos, 
periódicos. 

Rábano— Ituzaingó—l.e agradezco sus elogios, que 
tengo por inmerecidos. Loque no le agradeceré nunca 
es el articulo que acompaña á su carta. Es maB malo 
que un empleo de guardia civil. 

D. H.—Florida—Le auguro á Y.mal ñn. Conocía uno 
que empezó escribiendo así y acabó tirando de un 
carro. 

Tempestad —Montevideo — Y tanto. Prefiero una de 
rayos y truenos á V. No hay paraguas que aguante 
sus ripios. 

Zoiae —Montevideo—Canta V. muy en sérioá los ojos 
negros. Pulse otra vez la lira cómica, aunque los ojos 
tengan que ser de otro color. 

J. R.—Montevideo— 

A la puerta del cielo 
venden tomates, 

San Pedro que lo supo 
compró una vara. 

Asi son los versos de V. y se habrá creído que me 
mandaba una gran cosa. 



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DIALOGOS DE ESQUINA 


S pesoi por suscrlcion 


Desde lo.princesa altiva 
á ia q-ue pesca en ruin barca 
todo, este libro, lo abarca. ' 
¡Habrá quien no se suscriba 
por el precio que se marcal 


Oficina: 18 de Julio M8 


ENDOZAÍ AR1BA 


Mflec (l Universa^ 


URUGUAY »» 


Su martillo ba demostrado 
que, de todos los que hay, 
es el mas afortunado, 

f iues con él ha rematado 
a mitad del Uruguay. 


Calle Hincón 131 


Hace calzado á medida, 
á unos precios muv baratos, 
y es la casa preferida, 
por ser la mejor surtida 
en botines y zapatos. 


Peluquería 

1 18 de julio NÚM. 5 

Nadie á pelar le aventaja, 
y afeitando es tan artista, 
que al 11 lo de su navaja 
no hay pelo que se resista. 


Rematador 

ZABALA NÚM. 130 Y 136 


De su martillo al influjo 
todo el Uruguay entero 
tiene por poco dinero 
casa amueblada con Injo. 


iA lc ^ 

Zabala ISA 

Llevé el martillo á Maeso, 
en campaña provechosa 
y no les digo otra cosa, 
porque es bastante con eso. 


SARANDl 347 


ZABALA 05 


Para hacer un buen regalo 
véte á Sienra sin dudar, 
porque Sienra, en su Bazar, 
nunca tuvo nada malo. 


Si te dice un bebedor 
que en la casa de Orejuela 
no existe el vino mejor, 
le puedes decir, lector, 
que se lo cuente ásu abuela 


Fotografía Inglesa, 


Uruguay 178 


Rincón 176 


Es un médico especial, 
de quien diría cualquiera j 
que ha encontrado la manera 
de hacer al hombre inmortal. 


Fotografía especial, 
en que se cópia á la gente 
tan perfectísimamente, 
que parece natural. 




Empresa de Encomiendas 

ckrhtto 207 

La Empresa que te presento 
te ruego, lector, que atiendas, 
peroné hace Fas encomiendas 
con la rapidez del viento. 


tllTOfMflifx 

WA RAZQAf 


Cerro 93 A 101 

De las casas mas completas 
j en su género, esta es; 

¿ la prueba, lector, la ves, 
en las Caras y Caretas. 


H |||p 

—Pero tú entiendes de pulitica? 

—Ya lo creo; como que he sido cochero del 
Ministro-lapa. 






Treinta y Tres 216 

El que id je La Industrial 
es, como saben, señores, 
el Capitán General, 
de nuestros rematadores. 


^ Mercedes (r. o.)j 

Centro para snscriclon ( 
de diarios,—librería | J 

I taller de encuadernación, 

|y además papelería. 1 

¡Casi un Larousse en acción A>\ 


18 de Julio núm. 7 

Por mas que lo crean guasa 
}ii' se tiene como muy cierto, 

1 que los vinos de esta casa 
¡Jfe hacen revivir á nn muerto. 


Asunción (Aguada) 

Me comprometo á probar 
que mejor que esta cerveza 
no la ha tomado Su Alteza, 
el Principe de Bismar. 


25 de Mayo 370 

Pasteles y confitura 
y duices de Ior mejores; 
én esta casa, señores, 
es todo vida y dulzura. 


Nunca dijerir podrá 
con facilidad nsté, 
sino toma del café 
que sirve el Tupl-Nambi. 


Dentistas Norte americanos 


CAMARAS 183 


Gracias á loe especiales 
estudios de Prince é HUI, 
pueden comer mas de mil 
con sus dientes naturales 


28 de Mayo y Treinta y Tres 

Mas de mU personas ha; 
que están en el Uruguay 
viviendo como magnates, 
con las rifas y remates 
de Mendoza Garlbay. 


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